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Hipertensión: causas y prevención

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El corazón y los vasos sanguíneos tienen la función principal de hacer que la sangre llegue a todas las partes del cuerpo; sin embargo, existen ocasiones en las que deben hacer un esfuerzo extra para lograr su objetivo. Como resultado, la presión arterial aumenta. Aquí te decimos qué es la hipertensión, sus causas y la posible prevención.

La hipertensión es una enfermedad crónica en la que los vasos sanguíneos tienen una tensión alta. También se conoce como tensión arterial elevada, según señala la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La OMS destaca que uno de cada tres adultos padecen hipertensión. Por su parte, la Organización Panamericana de la Salud (PAHO) coloca a este padecimiento como el principal factor de riesgo para sufrir una enfermedad cardiovascular.

Además, la PAHO señala que, anualmente, hay 1.6 millones de muertes en el continente americano por algún problema relacionado con esta enfermedad. Por si fuera poco, se registra entre un 20 % y un 40 % de habitantes adultos del continente americano con presión arterial alta, es decir, 250 millones de personas.

La Secretaría de Salud, por su lado, registra treinta millones de mexicanos con hipertensión. El Instituto Mexicano del Seguro Social recibe a seis millones de forma periódica para tratar la enfermedad.

¿Qué es la presión arterial?

Es la fuerza que la sangre ejerce contra las paredes de las arterias cuando el corazón la bombea. Para saber si está baja, alta o normal, se usan dos números:

  • Presión arterial sistólica: Cuando el corazón bombea más sangre.
  • Presión arterial diastólica: Cuando el corazón está en reposo entre un latido y otro, y la presión sanguínea disminuye.

De acuerdo con la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, una presión arterial normal es menor a 120/80 mmHg. Si el número de la presión sistólica está entre 120 y 130 mmHg, pero el de la diastólica es menor a 80 mm Hg, entonces se dice que es una presión arterial elevada.

Especialistas de la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba hacen una división más específica. Según ellos, los valores se pueden clasificar de la siguiente manera:

  • 119/79 o menos es una presión arterial normal.
  • 140/90 es hipertensión arterial.
  • Entre 120 y 139 en la presión sistólica y entre 80 y 89 en la diastólica se considera prehipertensión. Es decir, hay altas probabilidades de desarrollar hipertensión, pero se pueden revertir con las medidas adecuadas.

¿La hipertensión es igual a presión alta?

En términos médicos, hipertensión es presión arterial alta. Como ya se mencionó, esto se refiere a que el corazón tiene que bombear más fuerte y, por lo tanto, ejerce más presión.

Ahora bien, hay que distinguir entre presión arterial y frecuencia cardíaca.

La presión arterial es la fuerza con la que el corazón bombea la sangre. La frecuencia cardíaca es un signo vital que mide la cantidad de veces que el corazón late por minuto. En otras palabras, sentir más latidos no es necesariamente un signo de hipertensión.

El número de latidos y su velocidad dependen de varios factores: la actividad física, sensación de amenaza y emociones. La frecuencia cardíaca normal debe estar entre 60 y 100 latidos en reposo, incluso en personas con problemas de salud. Sin embargo, las anormalidades en ella pueden ser un punto de referencia para identificar otros males.

En cuanto a hipertensión, se distinguen dos tipos:

  • Primaria o esencial: Que se desarrolla por el envejecimiento.
  • Secundaria: Provocada por alguna otra condición médica o por el uso de medicamentos. Por lo general, puede controlarse si se identifican los fármacos que la provocan.

¿La hipertensión es peligrosa?

A mayor tensión arterial, más grande es el esfuerzo que el corazón debe hacer para bombear la sangre. Dicho trabajo extra provoca daños en este órgano, así como en los vasos sanguíneos del cerebro y de los riñones.

Si no es controlada, puede causar varios problemas graves, como ensanchamiento del corazón, infartos e insuficiencia cardíaca. Del mismo modo, los vasos sanguíneos llegan a desarrollar unas protuberancias llamadas aneurismas. Por lo tanto, se vuelven más propensos a la obstrucción y al rompimiento. Si eso sucede, la sangre puede filtrarse al cerebro y ocasionar un accidente cerebrovascular.

Otras consecuencias de la hipertensión y de no atender sus causas ni prevenirlas son la deficiencia renal, ceguera y deterioro cognitivo.

Causas y factores de riesgo

Uno de los factores que causa hipertensión es la edad, porque, con el tiempo, el corazón y los vasos sanguíneos cambian. Al envejecer, algunas partes del sistema circulatorio desarrollan tejido fibroso y grasa. Asimismo, pierde algunas células y la frecuencia cardíaca se vuelve lenta.

En algunos individuos, el corazón se hace un poco más grande y la pared cardíaca, más gruesa. Asimismo, la cantidad de sangre que circula disminuye. Por otro lado, los vasos sanguíneos se vuelven más sensibles, las paredes capilares y la aorta (la arteria principal del corazón) se engrosan, lo que produce que la presión sea alta.

Otras causas comunes de la hipertensión son consumir sal y grasa en altas cantidades, antecedentes familiares de la afección, falta de actividad física, sobrepeso u obesidad, diabetes, alcoholismo y tabaquismo.

Síntomas de la hipertensión

La hipertensión, por lo general, es asintomática; no obstante, suele haber dolor de cabeza muy fuerte, dolor en pecho y lumbares, zumbidos, visión borrosa o con sensación de ver luces, mareo e hinchazón en tobillos.

Datos de la Sociedad Española de Hipertensión Arterial muestran que los hipertensos que no han sido diagnosticados por mucho tiempo pueden sufrir complicaciones como angina de pecho. Además, si no se atiende a tiempo, lleva a problemas más severos, como aterosclerosis, cardiopatía hipertensiva, enfermedad renal y accidentes cerebrovasculares.

Hipertensión y prevención

La hipertensión es una enfermedad prevenible si se adopta un estilo de vida saludable, en el cual se limite la cantidad de sal en alimentos y se aumente el potasio.

Hacer ejercicio de forma regular también ayuda a mantener un peso saludable y, por ende, a tener una buena presión arterial. Lo recomendado, según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, son dos horas y media de ejercicio aeróbico por semana o ejercicios de alta intensidad durante una hora y 15 minutos a la semana.

Otras formas de evitar este padecimiento son reducir el consumo de alcohol y de tabaco, y apoyarse en técnicas de relajación para controlar los niveles de estrés excesivo.

¿Cómo se hace el diagnóstico y cuál es el tratamiento?

Debido a que las primeras etapas son asintomáticas, la única forma efectiva de diagnosticar la hipertensión es con visitas regulares al médico. Este, a través de un estetoscopio y un medidor, o de un sensor electrónico, hará lecturas de la presión.

La presión arterial alta suele presentarse en personas de más de 55 años, pero puede aparecer a cualquier edad si no se toman medidas preventivas.

Tras el diagnóstico positivo de hipertensión se recomienda hacer mediciones diarias para llevar un control, cambiar los hábitos alimenticios, bajar de peso, caminar al menos 30 minutos al día y dejar el alcohol y el tabaco. En la mayoría de los casos, estos cambios de vida se acompañan con fármacos en dosis que dependerán del estado de salud general del paciente, su peso y sus características individuales.

Hipertensión pulmonar

Si bien al hablar de presión arterial alta pensamos de inmediato en el corazón y en el cerebro, porque se relaciona con afecciones en estos órganos, lo cierto es que también los pulmones pueden verse dañados.

La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos indica que el lado derecho del corazón bombea la sangre a través de los pulmones, lugar donde recoge el oxígeno. Posteriormente, esta regresa al lado izquierdo para irrigar al resto del cuerpo.

Si los vasos sanguíneos de los pulmones se estrechan, no podrán transportar suficiente sangre. Así, aparece la hipertensión pulmonar, pues el corazón fuerza la circulación de la sangre a través de esos vasos. Como consecuencia de ese trabajo extra, el lado derecho del corazón se hace más grande; a este fenómeno se lo conoce como cor pulmonale.

La hipertensión pulmonar es causada por enfermedades autoinmunes, como la esclerodermia o la artritis reumatoide; por anomalías congénitas del corazón o coágulos en los pulmones; virus de inmunodeficiencia humana; niveles bajos de oxígenos en la sangre por tiempo prolongado; enfermedad o fibrosis pulmonar; apnea obstructiva del sueño; o daños en las válvulas del corazón.

Para identificar esta afección se debe prestar atención a lo siguiente:

  • Hinchazón en las piernas y en los tobillos
  • Labios o piel azulados
  • Sensación de presión o dolor en el tórax
  • Vértigo o desmayos frecuentes
  • Fatiga sin razón aparente
  • Aumento en el tamaño del abdomen
  • Sensación de debilidad

Para diagnosticarla, los especialistas realizan exámenes físicos donde se muestran ruidos cardíacos anormales, sensación de pulso en el esternón, soplo cardíaco en el lado derecho del corazón, venas del cuello más grandes de lo habitual, hinchazón en piernas, inflamación del hígado y bazo, y ruidos respiratorios anormales.

Del mismo modo, se incluyen exámenes de sangre, radiografías de tórax y exámenes para detectar problemas inmunitarios.

Hasta ahora no existe una cura para la hipertensión pulmonar, pero se puede controlar y evitar el daño pulmonar. Entre las terapias están los anticoagulantes, oxigenoterapia o trasplante de pulmón si los fármacos no funcionan.

Lo más importante es acudir al médico cuando hay dificultad para respirar, si hay dolor o cualquier signo anormal. Por supuesto, los chequeos periódicos ayudarán a detectar la hipertensión en etapas más tempranas y a hacerle frente de una mejor manera.