Las bacterias vaginales y su rol protector en la infección por clamidias | Nación Farma

Las bacterias vaginales y su rol protector en la infección por clamidias

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La clamidia es una infección de transmisión sexual (ITS) muy común a nivel mundial. El agente causal es la bacteria Chlamydia trachomatis, un patógeno que puede afectar tanto a los hombres como a las mujeres.

Esta infección se contrae al tener relaciones sexuales vaginales, orales o anales con una persona infectada, que también, dentro de sus riesgos, como otras ITS, puede facilitar la propagación del VIH.

Si no se trata adecuadamente, las mujeres afectadas con clamidia pueden tener dificultades para concebir. Además, las mujeres embarazadas que portan la infección, pueden transmitir esta bacteria al recién nacido durante el parto. Esto, a su vez, aumenta el riesgo de que el bebé desarrolle  tracoma, una forma de conjuntivitis crónica que ocasiona el 15% de todos los casos de ceguera en el mundo, especialmente en algunos países poco desarrollados de África, Oriente medio, Asia y América latina.

La infección por clamidia generalmente es asintomática, y cuando existen manifestaciones clínicas, generalmente tardan semanas en aparecer. Los síntomas de la clamidia incluyen una sensación de ardor al orinar y secreción anormal de la vagina o el pene. Un síntoma menos común en los hombres es la inflamación de los testículos y dolor. También puede causar una ITS caracterizada por una gran inflamación de los ganglios linfáticos inguinales, conocida como linfogranuloma venéreo.

Al cronificarse, en las mujeres puede llegar a causar un cuadro llamado enfermedad inflamatoria pélvica, llegando incluso a formas más graves como peritonitis.

En 2017, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) registraron un total de 1,708,569 informes de infección por clamidia en los E.E.U.U.

Con respecto a los factores protectores contra esta infección, los científicos han sabido por un tiempo que la composición del microbioma vaginal y cervical puede influir en la resistencia a la clamidia.

Investigaciones anteriores habían revelado, por ejemplo, que los microbiomas vaginales con un alto nivel de ciertas bacterias Lactobacillus pueden ayudar a defenderse contra la infección por clamidia, sin embargo, no estaba claro cómo las bacterias protectoras estaban ejerciendo esta acción.

Investigaciones anteriores habían demostrado que hay cinco composiciones principales de microbiomas que pueden habitar la vagina, evidenciándose que en cuatro de los tipos de microbioma vaginal dominan varias especies de Lactobacillus. Por el contrario, el quinto tipo tiene poblaciones muy bajas de Lactobacillus y es más probable que muestre coincidencia con un mayor riesgo de VIH y de contraer otras ITS, así como con nacimientos prematuros.

Especies de Lactobacillus  como protectoras

Los investigadores, de la University of Maryland School of Medicine (UMSOM) en Baltimore llevaron a cabo un nuevo estudio para investigar más detalladamente las diferentes composiciones de microbiomas vaginales y de sus diversas especies de Lactobacillus .

Utilizaron muestras vaginales de mujeres con clamidia, junto con cultivos de Lactobacillus y de las células epiteliales que recubren la vagina y el cuello uterino.

El equipo se sorprendió al descubrir que la protección contra las clamidias no provenía directamente de las bacterias beneficiosas, sino que descubrieron que la resistencia a la infección por clamidia era el resultado de los cambios que las bacterias inducían en las células del epitelio de revestimiento vaginal y del cuello uterino.

Los resultados mostraron que la especie L. iners– que habitualmente habita en la vagina- no ayudó a las células humanas a defenderse contra la infección por clamidia. En contraste, L. crispatus– que es otra especie bacteriana habitual que también habita en la vagina- parecía proteger las células humanas contra la infección por clamidias.

Ácido D-láctico: el compuesto protector

Los investigadores finalmente determinaron la razón por la cual algunas especies de Lactobacillus parecen capaces de proteger las células, mientras que otras no: si bien todas las especies de Lactobacillus producen ácido láctico, existen dos variantes o isoformas, de ácido láctico, que corresponde a la forma L y la forma D.

Las diferentes especies de Lactobacillus producen distintas cantidades de las dos isoformas de ácido láctico. ES así como por ejemplo, L. iners produce casi exclusivamente la forma L, mientras que L. crispatus produce tanto ácido L-láctico como ácido D-láctico, pero principalmente el último.

Los investigadores descubrieron que era un predominio del ácido D-láctico, por sobre la del ácido L-láctico es lo que protegía contra la infección por clamidia.

Parece que el ácido D-láctico impide que C. trachomatis ingrese a las células epiteliales humanas, al disminuir la proliferación celular, que era una condición necesaria para la infección, según demostraron los investigadores.

En otras pruebas, los investigadores descubrieron que el ácido D-láctico redujo la proliferación celular humana al regular a la baja los genes que impulsan el ciclo celular.

Importancia del estudio

En una serie de experimentos complementarios, demostraron que un “microbioma óptimo” en la vagina puede ofrecer protección a largo plazo contra la infección por clamidia.

En base a estos hallazgos, los investigadores continúan su estudio sobre cómo usar estos conocimientos como base para la protección contra C. trachomatis y poder aplicarlos incluso a otras ITS.

El equipo indica que este descubrimiento reciente aumentará no solo la comprensión del papel del microbioma en la protección contra las ITS, sino que además “podría permitir el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas basadas en microbiomas para proteger a las mujeres de las infecciones y mejorar la salud vaginal y cervical“, más aún, considerando que “La clamidia es un problema de salud cada vez mayor en los Estados Unidos“, según palabras del autor principal del estudio Jacques Ravel, profesor de microbiología e inmunología en la UMSOM, “y se necesita más trabajo para comprender por qué algunas mujeres aparentemente están protegidas de forma natural mientras que otras están no.”