Splenda, ¿buena o mala para la salud?

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La Splenda es un sustituto de azúcar que se ha vuelto popular porque ha sido presentado como un producto bajo en calorías capaz de ayudar en el control de enfermedades como la diabetes, obesidad e hiperlipidemias. Sin embargo, en años recientes, también ha estado envuelto en controversias porque se lo ha asociado con el cáncer y con otras enfermedades metabólicas.

El consumo de edulcorantes artificiales data de hace más de un siglo. Su popularidad creció rápidamente porque, a diferencia de la miel, el azúcar o la melaza, no se necesitan grandes cantidades para endulzar y, lo más importante, no elevan la glucosa en la sangre.

Según registros, en 1879 surgió el primer sustituto de azúcar: la sacarina. Este producto se comenzó a vender en 1901.

En la década de los 70, se asoció con el desarrollo de cáncer debido a que, en una investigación, provocó el crecimiento de tumores en ratones de laboratorio. Posteriormente, se mostró que no tenía efectos en humanos.

Casi a la par de este suceso, en 1976, apareció la sucralosa. El descubrimiento fue casualidad: investigadores del Queen Elizabeth College en Londres, Inglaterra, buscaban un derivado clorado del azúcar. Al crear el componente, se dieron cuenta de que era entre 400 y 600 veces más dulce que el azúcar tradicional. De manera adicional, notaron que no ofrecía ningún aporte calórico, era soluble en agua y estable al calentamiento.

Sucralosa

La sucralosa, como endulzante artificial, es la modificación del azúcar. Los científicos también la conocen como E955. Este producto se encuentra en granos, líquidos o minitabletas. Comercialmente se lo conoce como Splenda.

Splenda llegó al mercado en 1992, aunque fue aprobada por la Food and Drugs Administration (FDA) mucho más tarde y tras la revisión de alrededor de 110 estudios sobre la sustancia.

En esa época, las investigaciones que sirvieron como justificación para dar el visto bueno a la sucralosa eran ensayos pequeños. Por ejemplo, uno de ellos tuvo a solo 36 sujetos, de los cuales, 23 consumieron sucralosa. El estudio mencionado se enfocó en la incidencia de caries debido al endulzante, mas no en su impacto en la salud.

Otro estudio, se realizó solo con 6 hombres, no obstante, la Federación generalizó esos hallazgos al resto de la población. Fue así como, en 1998, la FDA otorgó su aprobación a la sucralosa para tipos específicos de alimentos, aunque, de acuerdo con el Instituto Nacional de Cáncer, en Estados Unidos, recién en 1999 se permitió su uso general en alimentos, bebidas, suplementos dietéticos, alimentos médicos y fármacos.

A partir de obtener el visto bueno, la sucralosa salió al mercado en diferentes presentaciones y también en una amplia gama de alimentos bajos en calorías: edulcorantes de mesa, bebidas gaseosas, chicles, mezclas para hornear, cereales y hasta en aderezos para ensaladas.

Splenda se volvió popular rápidamente. Según sus productores, este endulzante provee todo el dulzor que las personas necesitan, pero sin calorías ni carbohidratos.

Por si fuera poco, indican, también tiene la aprobación de la Organización Mundial de la Salud y de la American Dietetic Association, así como un sello de seguridad por el Center for Science in the Public Interest, un grupo de apoyo al consumidor con base en Washington DC.

Beneficios de la sucralosa

De acuerdo con los productores de Splenda, este edulcorante, a diferencia de otros, no deja un sabor amargo y puede usarse para hornear y para cocinar.

En el portal de Splenda, se señala que el producto no tiene efectos secundarios que se conozcan. De hecho, asegura que las investigaciones que se han realizado al respecto lo deslindan de provocar afecciones como migraña o dolores de cabeza, problemas en los riñones o hígado, caries, aumento de peso.

En realidad, sus elaboradores afirman que puede ser usado por cualquier persona, incluidos los niños y los pacientes con diabetes.

Entre otros beneficios se encuentra el control de peso, pues reduce el consumo calórico. Incluso, un estudio publicado en la revista de la American Academy of Pediatrics dice que el uso diario de Splenda como parte de un programa de reducción de calorías y aumento de actividad física ayuda a los niños con sobrepeso a disminuir la velocidad con que incrementan su peso.

A pesar de todas esas aseveraciones, la sucralosa también se ha visto envuelta en controversias y hay quienes han especulado que, en realidad, podría ser dañina para la salud.

¿Qué dicen los estudios?

Una de las primeras observaciones sobre los efectos negativos de la sucralosa se realizó en 2017. Aun cuando se dice que el organismo no metaboliza este edulcorante, un estudio sugirió que podría provocar cambios en la microbiota intestinal.

Por su parte, en 2018, un análisis publicado en el Journal of Toxicology and Environmental Health, demostró que Splenda sí se metaboliza y se acumula en las células grasas, también llamadas adipocitos.

Una investigación más, que aparece en la revista Morphologie, reportó cambios definidos en el hígado de ratas como respuesta inflamatoria tras la ingesta de sucralosa, lo que indicó efectos tóxicos en la ingestión regular.

Del mismo modo, análisis previos habían observado que la sucralosa es responsable de la reducción de bacterias intestinales en un 50 %. Además, aumenta el nivel de pH intestinal y causa trastornos bioquímicos en las células.

Algunos especialistas han hallado que los edulcorantes artificiales causan daños a nivel de ADN e interfieren con la fisiología de la microbiota. Asimismo, han reportado incidencia de tumores en células sanguíneas de ratones machos de laboratorio alimentados con sucralosa.

Splenda y cáncer

En cuanto al cáncer, las primeras dudas sobre su relación con los edulcorantes comenzaron en la década del 70. En esa época, se mostró que el ciclamato en combinación con la sacarina causaba cáncer de vejiga en ratones de laboratorio, pero no se encontraron pruebas de elementos carcinógenos en seres humanos.

Por su parte, la sucralosa ha sido asociada con la leucemia. Una de las primeras investigaciones fue realizada por el Instituto Ramazzini. Sus resultados provocaron que el Center for Science in the Public Interest bajara a Splenda de categoría “segura” a “precaución” en 2012.

Para 2017, un artículo publicado en The International Journal of Occupational and Environmental Health sugirió que, si bien se ha mostrado cierta asociación de la sucralosa con la leucemia en ensayos de laboratorio, hacen falta mucho más estudios que lo confirmen.

Sucralosa y el sobrepeso

Sobre el impacto de los edulcorantes en la salud, en 2017, investigadores hicieron un análisis de varios estudios. Uno de los aspectos revisados fue el del peso.

Al respecto, indicaron que, en 2006, se realizó un ensayo clínico con 105 adolescentes con sobrepeso y con obesidad. Su finalidad era comparar el efecto del reemplazo de bebidas azucaradas por bebidas con edulcorantes no calóricos durante 25 semanas.

Para realizar las pruebas, trabajaron con un grupo de control y con otro a quienes les reemplazaron el tipo de bebidas. Y para evitar otras variables, controlaron los cambios en actividad física e ingesta energética.

Los resultados mostraron reducción de peso e índice de masa corporal en quienes tomaron bebidas con edulcorantes no calóricos.

En otro estudio, con 32 adolescentes de entre 11 y 15 años, no hubo sustitución calórica. Sin embargo, se les controló la dieta a 1500 calorías. A un grupo se le permitió el consumo restringido de bebidas azucaradas, mientras que al otro, un consumo ilimitado de bebidas con edulcorantes.

Los científicos no notaron diferencia significativa en la pérdida de peso, por lo cual sugirieron que lo relevante es la energía ingerida y no la composición de la dieta.

Por otro lado, acotaron que los edulcorantes no calóricos no inducen a la pérdida de peso por sí solos, pero si se evita la compensación energética a partir de otros alimentos, los endulzantes como la sucralosa pueden ayudar a disminuir el sobrepeso.

Edulcorantes, déficit cognitivo y epilepsia

Otro aspecto que ha preocupado a los expertos es el impacto de los edulcorantes no calóricos en la conducta y en el déficit cognitivo, de los cuales solo se conocen casos anecdóticos aislados.

En cuanto a la epilepsia, surgieron varios ensayos clínicos con distribución al azar acerca del consumo de edulcorantes no calóricos y acerca de la aparición de convulsiones en niños y en adolescentes.

En ninguna de las situaciones mencionadas se han encontrado pruebas de que los endulzantes artificiales provoquen trastornos de conducta, problemas de cognición ni epilepsia.

Otras consideraciones

Elaine Gardner, miembro de la British Dietetic Association, señaló en la revista Nature que la sucralosa en sí no tiene calorías pero, en su formato granulado, a menudo se mezcla con otros ingredientes edulcorantes como la maltodextrina. Como consecuencia, se diluye su dulzura intensa y le da volumen y textura.

El problema de esas combinaciones es que aparece cierta cantidad de calorías, entre 2 y 4, lo que constituye el 20 % de las de azúcar que está destinada a reemplazar.

Respecto a la salud bucal, la especialista hizo hincapié en que la sucralosa no es dañina; de hecho, esta sustancia se encuentra en algunos productos utilizados para la salud oral, incluidos los chicles.

Lo importante de la sucralosa y de otros endulzantes artificiales es que son una alternativa para el azúcar. Con un consumo adecuado, pueden ser útiles para bajar de peso y para ayudar a los diabéticos a controlar su glucosa.

Gardner considera que como parte de una dieta saludable se podría alentar a la población a considerar un consumo menor de bebidas y de alimentos dulces, en lugar de solo reemplazarlos por aquellos con edulcorantes no calóricos.