Maltrato infantil daña el cerebro y presdispone a adultos a sufrir depresión recurrente

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La depresión es uno de los trastornos psiquiátricos más frecuentes dentro de la población general, y si bien se sabe que una de cada cinco personas puede verse afectada por este trastorno en algún momento de sus vidas, el abuso infantil- en cualquiera de sus formas- duplica el riesgo de desarrollar episodios de depresión a repetición y de duración prolongada.

Según estimaciones, uno de cada diez niños está expuesto a algún tipo de maltrato en su casa, ya sea físico, psicológico, por negligencia o sexual; y se ha observado que estos niños tienen más probabilidad de desarrollar enfermedades que afecten al sistema nervioso, al sistema endócrino e inmunitario, porque el fuerte estrés asociado a esa situación altera su correcto funcionamiento.

Estos datos se basan en estudios que han mostrado una relación entre el maltrato y la alteración de la estructura cerebral, mientras que otros hallazgos relacionan específicamente el maltrato infantil y el trastorno depresivo mayor.

Depresión y maltrato

Un estudio que buscaba asociar depresión y maltrato infantil contó con la dirección del Dr. Nils Opel de la Universidad de Münster, Alemania y fue publicado en la revista The Lancet Psychiatry.

Todos los participantes del estudio actual fueron reclutados para el estudio entre 2010 y 2016, cuando tenían entre de 18 y 60 años. Habían ingresado en el hospital luego de un diagnóstico de depresión mayor y estaban siendo tratados en la institución sanitaria. 

La gravedad de los síntomas que presentaban los pacientes se evaluaron mediante cuestionarios y entrevistas en dos momentos: en el reclutamiento inicial y tras una visita de seguimiento de dos años. Otro cuestionario fue utilizado para determina y evaluar la presencia y el grado de maltrato infantil.

Además, todos los participantes se sometieron a una evaluación estructural y un estudio imagenológico de resonancia magnética en el reclutamiento. 
Los pacientes se dividieron en dos grupos: aquellos que no experimentaron ninguna recaída en el periodo de dos años (35 personas: 17 hombres y 18 mujeres) y los que experimentaron al menos un episodio depresivo adicional (75 sujetos: 35 hombres y 40 mujeres).

De los 75 pacientes pertenecientes a la muestra que sufrió recaída: 48 habían experimentado un episodio adicional, siete informaron dos episodios y seis experimentaron tres episodios; mientras que 14 tuvieron un periodo de remisión de menos de dos meses, por lo que se consideró que sufrían de depresión crónica, asociándose así, de manera significativa, el maltrato infantil con la recaída de los cuadros depresivos.
Los resultados obtenidos a partir de las imágenes de resonancia magnética son sugerentes de qué tanto el maltrato infantil como la depresión recurrente se asocian con reducciones que afectan de manera similar la superficie de la corteza insular, que se encarga de regular la emoción y la autoconciencia.

En definitiva, dichos hallazgos serían indicativos de que la reducción observada en esta área cerebral haría más probable una recaída futura y que como riesgo, el maltrato infantil es uno de los factores más importantes para la depresión mayor.
Esta investigación es la primera que logra establecer un vínculo directo entre las experiencias de maltrato infantil, las alteraciones estructurales del cerebro y el curso clínico de la depresión. 

También es el primero en su tipo en aportar evidencias sobre los cambios físicos que se expresan en el cerebro y que podrían estar involucrados en los cuadros depresivos, como las llamadas “cicatrices límbicas” (sistema límbico es la zona del cerebro que regula las emociones), que si bien se han identificado anteriormente en pacientes, con los recientes descubrimientos han tomado un nuevo significado.

Las nuevas evidencias podrían servir para la optimización de los tratamientos de depresión, puesto que una mejor comprensión de estos mecanismos es un aspecto fundamental para desarrollar o mejorar las terapias y adaptarlas según el riesgo al que se encuentren expuestas aquellas personas susceptibles a tener una respuesta clínica más pobre a largo plazo.

Pero dentro de las limitaciones de este trabajo, los autores advierten que las experiencias de maltrato infantil y síntomas depresivos se evaluaron de forma retrospectiva y, por lo tanto, podrían estar sujetos a sesgos de recuerdo, dado el tiempo que pasó desde la experiencia vivida.

En palabras de Opel: “Nuestros hallazgos agregan mayor peso a la idea de que los pacientes con depresión clínica que fueron maltratados cuando eran niños son clínicamente distintos de los pacientes no maltratados con el mismo diagnóstico“. “Dado el impacto de la corteza insular en las funciones cerebrales, como la conciencia emocional, es posible que los cambios que vimos hagan que los pacientes respondan menos a los tratamientos convencionales. La futura investigación psiquiátrica debería, por lo tanto, explorar cómo nuestros hallazgos podrían traducirse en atención y tratamiento especiales que podrían mejorar los resultados de los pacientes”.