¿Hipertensión ocular es igual a glaucoma? | Nación Farma

¿Hipertensión ocular es igual a glaucoma?

- Por

Cuando el ojo no drena líquido de forma adecuada, se dice que su presión está alta. Si esto sucede, puede pensarse que la hipertensión ocular es igual a un glaucoma. Sin embargo, la realidad es otra.

Para comenzar, debemos saber que la hipertensión es una enfermedad crónica que se caracteriza por el aumento en la fuerza con la que el corazón bombea la sangre, la cual impacta en las arterias.

Por lo general, al hablar de presión arterial alta, se suele pensar solo en daños al corazón; sin embargo, los vasos sanguíneos de otros órganos, como los de la retina en el ojo, también pueden verse afectados.

La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos indica que cuanto más alta sea la presión arterial durante tiempo prolongado, mayor será el daño.

Líquidos y presión ocular

El ojo es el órgano encargado de la visión. Para que logremos ver, es necesario todo un proceso en el que se involucran la luz y los nervios ópticos.

La córnea, que es la capa transparente que cubre a las otras estructuras del ojo, permite el paso de la luz hacia la pupila. Por su parte, el iris —la parte de color— controla cuánta luz pasa.

Después de esto, el lente ayuda a enfocar la luz en la retina, que es el tejido detrás del ojos sensible a los rayos de luz. Gracias a sus fotoreceptores, convierte a la iluminación en señales eléctricas que llegan al cerebro, donde se transforman en imágenes.

Ahora bien, dentro del ojo existen dos líquidos encargados de llenar la cavidad ocular y de evitar que las estructuras se muevan:

  • Humor vítreo: Tiene una consistencia gelatinosa y transparente. Su función principal es mantener la forma del ojo y ayudar a la retina a obtener nitidez.
  • Humor acuoso: Se forma detrás del iris y sale por medio de canales conectados a la córnea. Tiene como objetivo proporcionar oxígeno, dar soporte a algunas estructuras para que se mantengan en su lugar y contribuir a la refracción de la luz. Este líquido está estrechamente relacionado con la presión del ojo, ya que fluye de forma constante a través de una cavidad llamada ángulo. Ese proceso de drenaje es responsable de mantener la tensión intraocular en niveles normales. Sin embargo, si se presenta algún factor que impida el flujo del humor acuoso, entonces, la presión subirá.

Hipertensión ocular

Cuando hay desequilibrio en el ojo y el líquido acuoso no puede mantener su fluidez normal, se desarrolla la hipertensión arterial. Este proceso no es inmediato, sino todo lo contrario. De forma gradual va dañando a los vasos sanguíneos y provocando pérdida de visión.

Cualquier persona está en riesgo de desarrollar hipertensión ocular, no obstante, aquellas con antecedentes familiares de la enfermedad, diabetes o presión alta en general, que son mayores de 40 años, miopes o han sufrido lesiones en los ojos, tienen mayores probabilidades de ver alteraciones en sus ojos.

La hipertensión ocular es asintomática en sus primeras etapas, aunque puede haber visión doble, borrosa o dolores de cabeza. La única forma de saber a tiempo que se padece es con revisiones periódicas al oftalmólogo. Este especialista es quien examinará el nervio óptico y la visión periférica, y medirá la presión, que en niveles normales debe rondar los 21 milímetros de mercurio (mmHg). De igual manera, podrá observar si hay estrechamientos de los vasos sanguíneos y señales de filtración de líquido a la retina. Así, determinará el diagnóstico, nivel de daño y tratamiento.

La Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. señala cuatro grados de daño:

  • El 1, cuando es posible que no aparezcan síntomas
  • El 2 y 3, donde se observan cambios en los vasos sanguíneos, filtración de líquido e inflamación
  • El 4, cuando el nervio óptico se hincha y disminuye la visión

La American Academy of Ophthalmology destaca que es de suma importancia que la hipertensión de los ojos sea tratada para evitar dolor intenso y daños irreversibles que desencadenen el glaucoma y, por ende, la pérdida total de la visión.

Cabe destacar que, entre las condiciones que aumentan las probabilidades de presión alta en los ojos se encuentran la diabetes, colesterol alto y tabaquismo. También pueden suceder incrementos repentinos, pero eso solo ocurre en muy contadas ocasiones.

¿Qué es el glaucoma?

El glaucoma es una afección que resulta de la hipertensión ocular no controlada. Se trata de una serie de problemas que terminan por dañar el nervio óptico hasta la pérdida completa de la visión.

Según el National Eye Institute, Estados Unidos, este padecimiento se divide en cuatro tipos:

Glaucoma de ángulo abierto

La presión suele ser poca y paulatina. Es el tipo más común y no suele sentirse, aunque a veces, comienza con pérdida de la visión lateral. El problema es que empuja el nervio óptico hasta causar puntos ciegos. Por lo general, es hereditario.

Glaucoma de ángulo cerrado o cierre angular

En este caso, la presión se incrementa de forma repentina y a niveles altos porque el humor acuoso se bloquea de forma súbita y no puede salir del ojo. Algunos medicamentos, como gotas para los ojos, suelen provocar un ataque de glaucoma. Aquí se requiere atención urgente, en especial cuando se ha sufrido antes en alguno de los ojos.

Los síntomas son varios: dolor intenso en alguno de los ojos, visión borrosa o nublada, náuseas, vómitos, destellos similares a un arcoiris, enrojecimiento de los ojos e inflamación.

Glaucoma congénito

Este tipo de glaucoma ocurre en bebés. Es hereditario en la mayor parte de los casos o sucede porque el ojo no se desarrolla de forma normal. Los síntomas son agrandamiento de uno o ambos ojos, enrojecimiento, lagrimeo o sensibilidad alta a la luz.

Glaucoma secundario

La causa de este tipo de glaucoma no es clara. Los expertos sugieren que puede deberse al uso de corticosteroides, a la inflamación de la capa media del ojo conocida como uveítis, por la diabetes o por alguna lesión. Según la causa o la enfermedad que lo desencadena, puede haber síntomas similares de glaucoma de ángulo abierto o cerrado.

En cualquiera de los casos, una examinación completa del ojo es necesaria. El personal de salud puede incluso dilatar la pupila para observar mejor el nervio óptico. Se hace uso también de técnicas de escaneo para obtener imágenes del interior del ojo, así como de exámenes de la retina, pupila, evaluación de la vista y campo visual.

Tratamiento

Para tratar el glaucoma existen varios métodos. El más recurrido son gotas que contienen componentes necesarios para reducir la presión en el ojo. También pueden administrarse en forma de tabletas.

Si el tratamiento farmacológico no surte efecto, entonces se recurre a operación láser para abrir lo canales por donde debe salir el humor acuoso. Si esto tampoco es suficiente, entonces se realiza una cirugía en la que se abren otros medios para el drenaje del humor acuoso.

El glaucoma congénito siempre se trata con intervención quirúrgica.

Otras consideraciones

La Secretaría de Salud de México indica que el glaucoma es una de las causas principales de ceguera. En Estados Unidos, por ejemplo, 2.5 millones tienen este padecimiento y más de 130 000 son ciegos por esta causa. En México, este padecimiento también va en alza porque está correlacionado con otras condiciones como la diabetes.

La importancia de controlar la hipertensión ocular es que, por cada milímetro de mercurio que se eleva la presión intraocular, hay mayor riesgo de desarrollar glaucoma.

Finalmente, cabe señalar que la Guía de Diagnóstico y Tratamiento de la Hipertensión Ocular, del Gobierno Federal mexicano, recomienda tomar en cuenta tres tipos de presión para ajustar los tratamientos y para reducir la incidencia de glaucoma:

  • Basal: Representa el nivel de presión sin tratamiento
  • Meta: Rango de presión intraocular bajo tratamiento con la finalidad de retrasar daños más graves
  • Corregida: Se obtiene al realizar algunos ajustes de medición según el espesor de la córnea

Aunado a lo anterior para personal sanitario, es fundamental la prevención y la responsabilidad de cada paciente para acudir a su servicio médico con la finalidad de conocer su estado de salud general y atender a tiempo padecimientos como la hipertensión ocular y el glaucoma.