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Hipertensión y obesidad: una relación peligrosa

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La presión arterial alta y el exceso de peso son dos condiciones que van en aumento en el mundo. Ambas están correlacionadas y pueden ocasionar problemas de salud mucho más graves.

Tanto en México como en el mundo, estas afecciones se incrementan por diferentes factores, por ejemplo, un estilo de vida ajetreado, mala alimentación y el aumento de la urbanización.

Ambas condiciones son consideradas crónicas y son factores de riesgo para desarrollar enfermedades coronarias, infartos, problemas renales, diabetes y accidentes cerebrovasculares.

¿Qué es la obesidad?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la obesidad basándose en el índice de masa corporal o IMC, un indicador simple de la relación entre la talla y el peso. Para obtenerlo, basta con dividir los kilos que pesa una persona por el cuadrado de su estatura.

Cuando el IMC es igual o superior a 25, se califica como sobrepeso; cuando es igual o mayor a 30, entonces se trata de obesidad.

Por otro lado, un artículo publicado en la revista Anales del Sistema Sanitario de Navarra informa que la obesidad puede definirse como «un exceso del peso corporal a expensas de un cúmulo de tejido adiposo».

Aunado a lo anterior, los autores destacaron que, en la actualidad, se considera el índice cintura cadera (ICC) porque resulta mejor para determinar un riesgo cardiovascular.

El Estudio del Corazón Framingham, enfocado en medir las probabilidades de riesgos cardiovasculares y cardíacos, muestra que el 70 % de los casos de hipertensión en hombres y el 61 % en mujeres se deben a un exceso de adiposidad. Esto incrementa hasta en 4.5 mmHg la presión sistólica por cada 5 kilogramos de peso.

Cabe destacar que la acumulación de grasa excesiva en la parte superior del cuerpo se asocia con un aumento de mortalidad cardiovascular, mayor incidencia de diabetes, neoplasias, problemas de la vesícula biliar y, por supuesto, hipertensión.

Algunas cifras

Según datos de la OMS, en 2016, había más de 1900 millones de adultos con sobrepeso, de los cuales más de 650 millones presentaban obesidad. En México, la Secretaría de Salud (Ssa) registró que el 70 % de los mexicanos está por arriba de su peso y una tercera parte de ellos es obesa.

Los factores que provocan esta condición están relacionados con el desequilibrio energético entre las calorías consumidas y las gastadas. En otras palabras, hay una alimentación con alto contenido en grasas y azúcares, pero poca o nula actividad física.

La OMS destaca que la obesidad se debe, en parte, a una vida más sedentaria propiciada por las jornadas de trabajo, los modos de transporte y la urbanización. Sin embargo, es preciso hacerle frente; de lo contrario, desencadena otros problemas, como accidentes cerebrovasculares, cardiopatías, osteoartritis e incluso algunos tipos de cáncer.

Hipertensión

La hipertensión o presión arterial alta es una afección crónica en la que existe tensión alta en los vasos sanguíneos, es decir, el corazón requiere de más esfuerzo para bombear la sangre y esta golpea con mayor fuerza las paredes de las arterias.

Para saber si una persona es hipertensa o no, se hace una lectura de dos medidas que se escriben de la siguiente forma: 120/80 mmHg. El número superior se refiere a la presión arterial sistólica, que es cuando el corazón bombea más sangre; en niveles normales, se encuentra en hasta 120 mmHg. El de abajo es la presión arterial diastólica, la cual se mide cuando el corazón está en reposo entre un latido y otro. Suele estar entre 70 y 80 mmHg.

Entre los factores de riesgo para esta condición están la edad, ya que tanto el corazón como los vasos sanguíneos cambian; alto consumo de sal, grasas, alcohol y tabaco; poca actividad física; mal control del estrés y, por supuesto, el sobrepeso y la obesidad.

Problema de salud pública

La Organización Panamericana de la Salud (PAHO) señala que la presión arterial alta aumenta las probabilidades de padecer enfermedades cardiovasculares, infartos, ensanchamiento del corazón e insuficiencia cardíaca.

De acuerdo con la publicación Información general sobre la hipertensión en el mundo, por la OMS, la hipertensión se ha vuelto un problema de salud pública. Cada año, provoca 9.4 millones de muertes; de ese total, 45 % son por cardiopatías y 51 % por accidentes cerebrovasculares.

En el mismo documento, la organización destaca que, de no atenderse a tiempo, provocará repercusiones en el ámbito económico y social, ya que el 80 % de los decesos causados por la enfermedad se dan en países de ingresos bajos y medios. Si a eso se le suman otras enfermedades no transmisibles, los costos de atención médica aumentan tanto para las familias como para las naciones.

Hipertensión y obesidad: ¿por qué son una relación peligrosa?

Cuando hay obesidad, el perímetro abdominal aumenta. Especialistas del Mexican Group for Basic and Clinical Research in Internal Medicine, de la Unidad de Investigación del Hospital General de Ticomán, indican que esta medida está directamente relacionada con el riesgo de padecer hipertensión.

El equipo ha observado que los pacientes mexicanos que tienen una cintura menor a 83 centímetros no la padecen, mientra que aquellos con 90 cm o más de cintura tienen presión arterial alta y desarrollan diabetes.

Estos investigadores notan que, en estudios epidemiológicos, se ha observado que entre el 60 % y el 70 % de los casos de hipertensión se explican por el exceso de tejido adiposo. Además, por cada 4.5 centímetros extra de cintura en hombres y 2.5 cm en mujeres, la presión sistólica aumenta 1 mmHg.

Así, la hipertensión y la obesidad se vuelven una relación peligrosa porque se convierten en factores de riesgo para enfermedades como diabetes, insuficiencia cardíaca y problemas cardiovasculares. Del mismo modo, pueden llevar a la hiperfiltración glomerular lo que, como resultado, provoca daño en los riñones.

Mecanismos hipertensores

La razón por la cual la hipertensión y la obesidad son peligrosas en conjunto está relacionada con varios mecanismos que alteran la forma de actuar del organismo frente a la insulina, el sodio y el agua.

Según los especialistas del grupo de investigación del Hospital General de Ticomán, cuando hay exceso de grasa en el cuerpo, aumenta la producción de angiotensina por el adipocito, que son las células que contienen lípidos. Como consecuencia, se retienen sal y líquidos.

En cuanto a la insulina, hormona encargada de pasar el azúcar —glucosa— de la sangre a las células para proporcionar la energía que el cuerpo necesita, existe una alteración en su producción; las células no responden bien a ella y se genera resistencia, lo que provoca la diabetes tipo 2.

De hecho, hay estudios donde se ha observado que en los pacientes con obesidad, sean o no hipertensos, los niveles de insulina en la sangre son mayores que en personas sanas. Por ello, se sugiere que los cambios en el metabolismo de las grasas pueden tener responsabilidad en este proceso.

Cambios en el organismo

Los investigadores del Mexican Group for Basic and Clinical Research in Internal Medicine, por su parte, explican que otro mecanismo alterado es la producción vascular de endotelina 1, lo que provoca que los vasos sanguíneo se aprieten y que haya disfunción endotelial.

Por otro lado, se sabe que la obesidad provoca un mayor gasto cardíaco y disminuye la actividad parasimpática, encargada de mantener funciones normales durante el reposo del cuerpo tras un esfuerzo como la digestión o el coito. También, aumenta la hiperactividad en el sistema nervioso simpático, responsable de conservar los niveles normales de actividad de los órganos.

La apnea del sueño también aumenta la actividad simpática en pacientes con obesidad y, por lo tanto, incrementa la tensión arterial. Asimismo, se han observado fenómenos como la compresión de los riñones por la acumulación de grasa renal, lo cual aumenta la reabsorción de la sal y la presión arterial.

Finalmente, la obesidad facilita altos niveles de ácido úrico y la hiperuricemia (ácido úrico en la sangre), lo que favorece la hipertensión.

Por supuesto, la disfunción en los tejidos adiposos altera la regulación energética y se correlaciona con el aumento de la presión arterial.

Todo lo anterior provoca cambios estructurales en el cuerpo, desde el corazón hasta el metabolismo de la glucosa. Las modificaciones y la presión extra a la que los vasos sanguíneos están sometidos, así como la carga extra que el organismo tiene provocan un mayor estrés oxidativo, promueven la inflamación y la aterosclerosis

En el sistema circulatorio se ha observado que la presión arterial del ventrículo izquierdo se altera aún más por el exceso de grasa, promueve la hipertrofia concéntrica y, por ende, el daño cardíaco.

¿Cómo evitar una relación peligrosa entre hipertensión y obesidad?

Tanto en los pacientes con obesidad como en aquellos con hipertensión, el tratamiento comienza con cambios en el estilo de vida. El objetivo es mejorar la sensibilidad a la insulina, así como reducir la cantidad de grasa en el cuerpo, la inflamación, los niveles de presión e, incluso, disminuir la toma de fármacos.

Ahora bien, de ser necesario, los medicamentos deben ser administrados con base en las probabilidades de desarrollar otras enfermedades, como la diabetes, y en las características propias del paciente.

Ante todo, la mejor forma de evitar que la hipertensión y la obesidad tengan una relación peligrosa es la prevención. ¿Cómo? Con cambios en los hábitos alimenticios, que incluyen más frutas y verduras, menos sal, alcohol y tabaco, y 30 minutos de ejercicios aeróbicos al día. De igual manera, se invita a la realización de chequeos periódicos, en especial si hay antecedentes familiares u otros factores de riesgo.