La obesidad metabólicamente saludable aumenta el riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular

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Aunque un individuo se encuentre sano, al sufrir de sobrepeso u obesidad corre un mayor riesgo de padecer varias enfermedades- incluidas las cardiovasculares y alteraciones de índole músculo-esquelética- ya que este exceso de grasa corporal acelera el deterioro funcional, incluso en los adultos denominados “metabólicamente sanos”.

La obesidad- que se define con un IMC de más de 30 kg / m²– se ha visto que tiene importantes repercusiones negativas sobre casi todos los factores de riesgo que predisponen a sufrir de enfermedad cardiovascular (ECV), especialmente aquellos que guardan relación con el síndrome metabólico, como son la hipertensión arterial, control inadecuado de glucemia en la diabetes y dislipidemias, que pueden duplicar el riesgo de ECV, como infartos cardíacos y apoplejía.

El hecho de si esta llamada obesidad metabólicamente saludable– que incluiría a un tercio de las personas obesas-  se asocia o no con un mayor riesgo de ECV ha sido objeto de intensos debates de larga data, ya que aún no está claro cómo los cambios o el mantenimiento del estado metabólico afectan el desarrollo de la ECV en individuos con peso normal y con sobrepeso / obesidad.

El estudio

Un estudio observacional que siguió a más de 90,000 mujeres estadounidenses por un período de hasta 30 años, publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology tuvo como objetivo investigar más a fondo la asociación entre la obesidad y la incidencia de ECV en 90,257 mujeres- inicialmente libres de ECV- del Nurses ‘Health Study,  que hace un seguimiento de la salud de las enfermeras con edades comprendidas entre 30 y 55 años en E.E.U.U., desde el año 1976.

Las participantes se dividieron en grupos según su categoría de IMC, salud metabólica (definida como la ausencia de tres factores de riesgo metabólico: diabetes tipo 2, hipertensión e hipercolesterolemia) y cambio en el estado de salud metabólico, haciendo un seguimiento durante 30 años: entre 1980 y 2010.

Las participantes recibieron un cuestionario cada dos años para actualizar su IMC y el estado metabólico, así como para evaluar su estilo de vida, hábitos saludables e historial médico.

Obesidad, metabolismo y ECV

Durante un seguimiento promedio de 24 años, se registraron 6,306 nuevos casos de enfermedad cardiovascular, incluidos 3,304 infartos y 3,080 accidentes cerebrovasculares (ACV).

Dentro de los hallazgos realizados a las mujeres que son obesas y que han estado metabólicamente saludables durante varias décadas, se evidenció que presentan un mayor riesgo de desarrollar ECV en comparación con las mujeres metabólicamente sanas y de peso normal. Por lo tanto,  la obesidad sigue siendo un factor de riesgo para desarrollar ECV, independientemente de si las mujeres llegan a padecer alguna de las enfermedades metabólicas comunes, como la hipertensión o la diabetes mellitus tipo 2.
El estudio también encontró que la mayoría de las mujeres metabólicamente sanas probablemente sufran de alteraciones metabólicas con el tiempo, incluso si mantienen un peso normal.
Según explica el profesor Matthias Schulze del Instituto Alemán de Nutrición Humana Potsdam-Rehbruecke., Nuthetal, Alemania, quien dirigió la investigación: “Nuestro amplio estudio de cohortes confirma que la obesidad metabólicamente saludable no es inofensiva, e incluso las mujeres que permanecen libres de enfermedades metabólicas por décadas enfrentan un mayor riesgo de eventos cardiovasculares“. “Además, observamos que la mayoría de las mujeres sanas es probable que desarrollen diabetes tipo 2, presión arterial alta o colesterol alto con el tiempo, independientemente de su IMC, lo que las pone en un riesgo mucho más alto de enfermedad cardiovascular“.
El riesgo de ECV fue especialmente alto en todas las mujeres metabólicamente insalubres, independientemente de su IMC. Las mujeres con peso normal, pero metabólicamente alteradas tenían alrededor de 2,5 veces más probabilidades de desarrollar enfermedad cardiovascular que las mujeres de peso normal sin anomalías metabólicas, mientras que aquellas con “obesidad metabólicamente sana” también tenían mayor riesgo de enfermedad cardiovascular (39% de mayor riesgo).
Es importante destacar que dentro de las mujeres que inicialmente eran  metabólicamente sanas, aquellas que presentaban obesidad (84%) y las que tenían un peso normal (68%), se convirtieron en  personas poco saludables en el transcurso o sobre los 20 años de seguimiento.
Además, incluso las mujeres que se mantuvieron obesas, pero metabólicamente sanas durante más de 20 años, todavía tenían un riesgo 57% mayor de desarrollar ECV, en comparación con las mujeres de peso normal y sin enfermedad metabólica asociada.

Limitaciones y aspectos positivos del estudio

Si bien los autores reconocen que sus hallazgos muestran asociaciones observacionales en lugar de causa y efecto, señalan algunas limitaciones, incluyendo que el estudio analizó datos provenientes principalmente de mujeres de ascendencia europea, por lo que los hallazgos no se pueden generalizar a otras etnias ni a hombres.

También consideran que su definición de salud metabólica (la ausencia de tres enfermedades metabólicas) puede identificar un subgrupo diferente al de otros estudios realizados.

Sin embargo, hay que subrayar el hecho clave de incluir un gran cohorte, mediciones repetidas y un prolongado período de seguimiento del grupo de estudio.

Como corolario de este estudio,  Schulze hace gran énfasis en la prevención y la adopción de hábitos saludables: “El mantenimiento a largo plazo de la salud metabólica es un desafío para el sobrepeso / obesidad, pero también para las mujeres de peso normal“, “Nuestros hallazgos resaltan la importancia de prevenir el desarrollo de enfermedades metabólicas, y sugieren que incluso las personas con buena salud metabólica pueden beneficiarse del manejo conductual temprano para mejorar su dieta y aumentar la actividad física a fin de evitar la progresión a una mala salud metabólica“.