Nacen neuronas nuevas también en el cerebro de las personas mayores

Estudios han demostrado que la aparición de neuronas en el hipocampo decrece en animales como los ratones y algunos primates. Además, hasta hace algunos años, se decía que la producción de neuronas se reducía drásticamente en los humanos al entrar en la etapa adulta; incluso se hablaba de una pérdida de neuronas con el pasar del tiempo. Desde entonces, se realizaron otras investigaciones para probar estas hipótesis y para saber si eso realmente sucedía; en especial cuando se trabajaba con ratones de laboratorio y se observaba un detrimento de la neurogénesis. En algunos de esos estudios se hablaba de la manera en que el ejercicio y la edad afectan la neurogénesis del hipocampo, o de cómo ciertos factores nutricionales influyen en la producción de neuronas y en funciones cognitivas.

Ahora, un grupo de científicos de Columbia University Vagelos College of Physicians and Surgeons mostraron evidencia de que siguen naciendo neuronas en el cerebro sin importar la edad.

Fuente: Pixabay

 

El hipocampo, el mayor foco de estudios

El hipocampo es la parte del cerebro responsable de la memoria y el aprendizaje; además, en los adultos, la función de ayudar a la recuperación ante situaciones de estrés se vuelve aún más importante. Debido a sus características, se ha convertido en el foco principal para estudios de neurogénesis y biología de células madre.

Por supuesto, en las investigaciones se han utilizado roedores; sin embargo, cabe destacar que la evaluación de las etapas de maduración, porque la filogenia de cada especie es diferente. Algunos procesos son aplicables sólo a los humanos, y otros sólo a los roedores; por ello, había sido difícil distinguir, a través de técnicas histológicas, las neuronas maduras de las inmaduras. No obstante, hay grupos de investigadores estiman que no hay disminución de neuronas en los humanos adultos.

La producción y permanencia de neuronas se ha estudiado in vivo por medio de neuroimágenes; sin embargo, ha habido algunas dificultades y diferentes resultados. Los expertos se preguntan si lo observado se trata de un crecimiento de las neuronas, de la expansión de vasos sanguíneos o de otras estructuras; en especial porque se ha decremento en el volumen del giro dentado del hipocampo, así como un aumento en los vasos sanguíneos (angiogénesis), en adultos mayores.

Para poder resolver esa situación, los científicos de Columbia exploraron cerebros de personas ya fallecidas que, en vida, se encontraban sanas. Los sujetos de estudio fueron 28, de entre 14 y 79 años.

Incremento y decremento de neuronas según la edad
Fuente: www.cell.com

 

Más neuronas, menos conexiones

A través de procedimientos moleculares y modelos matemáticos, los científicos dividieron el hipocampo en secciones; en esas divisiones, estimaron cantidades de diferentes tipos de células, así como de marcadores de proteínas en todo el hipocampo. En cada región, cuantificaron la angiogénesis, el volumen y las células en diferentes etapas de la neurogénesis.

Muestra de progenitores neuronales en el giro dentado.
Fuente: www.cell.com

Lo que encontraron tras estos métodos fue que la gente adulta tiene el potencial cognitivo y emocional más intacto de lo que se pensaba. Al igual que en lo cerebros jóvenes, los adultos cuentan con neuronas no maduras; no obstante, el desarrollo vascular sí es menor. De hecho, en el hipocampo existe una menor plasticidad; es decir, se generan menos conexiones neuronales; esto explicaría los cambios emocionales y cognitivos que sufren algunas personas con el paso del tiempo. El siguiente paso ahora es explorar los mecanismos de estos cambios para entender mejor cómo las neuronas maduran y si podrían ser manipuladas.

 

La neurogénesis del hipocampo persiste en la vejez

La investigación fue publicada en Cell Press. Contó con la participación de científicos del New York State Psychiatric Institute; de la Macedonian Academy of Science & Arts; y de la Ss. Cyril & Methodius University. Recibió apoyo del Stroud Center for Aging Studies en Columbia University. Fue financiado por National Institutes of Health; la American Foundation for Suicide Prevention; la Brain and Behavior Research Foundation; la New York Stem Cell Initiative; y la Diane Goldberg Foundation.

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