El 94 % de los hospitalizados por COVID-19 tiene una patología crónica de base

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Un estudio realizado en New York destaca la relevancia de las comorbilidades en el agravamiento y en la muerte de los pacientes en esta grave pandemia por coronavirus. Los hallazgos indicaron que el 94 % de los enfermos hospitalizados por COVID-19 tiene una patología crónica de base, como hipertensión arterial, patologías cardíacas y diabetes.

Se conoce de la importancia de los factores de riesgo para desarrollar formas más graves de COVID-19, entre las que se citan las enfermedades crónicas, más prevalentes entre las poblaciones de tercera y de cuarta edad.

Crónicos en peligro

Se realizó un nuevo estudio en doce hospitales del Sistema Médico Northwell, el sistema universitario de salud más grande de Nueva York, que cubre a unas once millones de personas. Este incluyó a una numerosa población de 5700 enfermos.

Se sabe que la COVID-19 es especialmente riesgosa para pacientes con patologías crónicas subyacentes, sobre todo coronarias y respiratorias. Pero este trabajo reveló que el 94 % de los hospitalizados por COVID-19 tiene una patología crónica de base, como hipertensión arterial, obesidad o diabetes, y un 88 % presenta al menos dos. En contraste, solo el 6 % de las personas que fueron internadas no tenían enfermedades asociadas.

Esto escribieron Karina Davidson y sus colegas en la Journal of the American Medical Association (JAMA): «Hasta donde sabemos, este estudio representa la primera gran serie de casos de pacientes hospitalizados de manera sucesiva en los Estados Unidos. Las personas mayores, los hombres y aquellos con hipertensión o diabetes preexistentes prevalecieron de manera notable en esta serie de casos, cuyo patrón fue similar a los datos reportados por China».

Se observó la siguiente casuística:

  • La hipertensión (HTA) se registró en el 56,6 % de los casos.
  • La obesidad en el 41,7 %.
  • La diabetes en el 33,8 %.
  • En el total de hospitalizaciones, la mayoría eran hombres (60,3 %), mientras que las mujeres constituían un 39,7 %.
  • Edad promedio de los internados: 63 años.
  • Una cantidad más pequeña de pacientes padecían otros problemas crónicos, como enfermedad coronaria, renal o respiratoria.
  • Al llegar a atenderse al centro médico, el 30,7 % de los pacientes presentaba fiebre, el 27,8 % necesitó oxígeno y el 17,3 % evidenció alteración de la función respiratoria.
  • Así mismo, observaron un indicador llamativo: la elevada proporción de personas afebriles, pero con necesidad de ser hospitalizada. Esto se reflejó en siete de cada diez personas. Esto implica que el control de la temperatura a usuarios del transporte público o en el trabajo podrían no ser tan útiles como se creía.

Respirador y mayor mortalidad

La investigación de Davidson siguió también los 2634 casos que, al término del trabajo, ya no estaban hospitalizados, debido a que recibieron el alta o murieron:

  • El 14,2 % de los pacientes estuvo en terapia intensiva.
  • Un 12,2 % recibió asistencia de un respirador mecánico.
  • Se observó que el 3,2 % necesitó alguna forma de terapia de reemplazo renal, como la diálisis.
  •  Un 21 % murió. Pero esta elevada tasa de mortalidad del SARS-CoV-2 se debió a que uno de cada cinco casos que estaban lo suficientemente enfermos como para necesitar ser hospitalizados terminaron falleciendo.

En algunos subgrupos, la mortalidad por COVID-19 fue catastrófica:

  • Un 88 % de los que necesitaron un respirador no sobrevivió. Esto fue más elevado entre los mayores de 65 años, entre quienes llegó al 97,2 %. Mientras tanto, esta mortalidad fue del 76,4 % entre los adultos de 18 a 64, según este estudio.
  • Aunque hubo que hospitalizar a docenas de niños y de adolescentes, todos sobrevivieron.
  • Las mujeres mostraron un índice menor de internación y una mayor supervivencia.
  • Entre los pacientes que murieron, los diabéticos y los hipertensos habían requerido respiradores y terapia intensiva en mayor medida que los enfermos de COVID-19 sin diabetes.

Ocupantes de la terapia intensiva

Entre los 373 pacientes que necesitaron cuidados intensivos:

  • Las dos terceras partes fueron varones.
  •  La edad promedio del total fue de 68 años.
  • Permanecieron durante un promedio de cuatro días en la unidad de terapia intensiva.

Otro hallazgo —aparentemente contradictorio— es que «tanto en el caso de los pacientes dados de alta como en el de los fallecidos, el porcentaje de quienes fueron tratados en terapia intensiva o recibieron asistencia respiratoria invasiva aumentó en el grupo de edad de 18 a 65 años, en comparación con el grupo de edad de más de 65 años». Una posible explicación es que las personas más jóvenes pueden aplazar la atención médica hasta que sus síntomas son muy graves.

Hipertensión y obesidad

Los investigadores también analizaron datos sobre la enzima convertidora de angiotensina (ECA), que participa en la regulación de la tensión arterial y cuyo receptor emplea el SARS-CoV-2 para entrar a las células.

Dentro de los tratamientos para la HTA, los inhibidores de ECA y los bloqueadores de los receptores de angiotensina (BRA) ayudan en los cuadros como insuficiencia cardíaca  y enfermedad cardíaca isquémica, pero se discute si podrían empeorar los cuadros de COVID-19.

Pero las tasas de mortalidad no resultaron concluyentes, pues los valores fueron muy similares entre los usuarios de ambos fármacos y aquellos que no los ingerían.

En palabras de Davidson: «La cifra de pacientes con comorbilidades crónicas nos sorprendió». Pero aclaró que el estudio era de tipo observacional, por lo que no hubo un grupo de control con el cual contrastar los resultados.

Otros estudios incluyen la obesidad como el factor de riesgo más importante para las complicaciones de la COVID-19. Se explicaría por una inflamación crónica de bajo grado, que puede conducir a un aumento de las citocinas proinflamatorias, un tipo de proteínas reguladoras de la función celular.

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