A unos pasos de comprender mejor la ciencia del dolor

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El dolor es un mecanismo bastante efectivo para sobrevivir. Ya que sirve de alerta ante el daño. Además, al evitar la sensación, los seres vivos tienden a evitar peligros. Es decir, el dolor posee una función de alarma para el cuerpo.Para los pacientes de dolores crónicos, la molestia ha perdido la función de preservadora. El dolor es una sensación compleja que involucra aspectos físicos y emocionales. Los receptores que distinguen y mandan las señales ante los estímulos son bien conocidas. Sin embargo, aún no se comprende a fondo la forma en la que el cerebro asocia el dolor con lo desagradable e incómodo.

Al día de hoy, se tiene una buena comprensión de como los nervios mandan las señales de tacto. En consecuencia, se ha logrado realizar simulaciones acertadas de como funciona el tacto por ejemplo. A pesar de ello, apenas se han reconocido las partes del cerebro que interpretan el dolor como indeseable.

Rastreando al dolor

Un equipo de neurocientíficos de Stanford ha logrado identificar las neuronas involucradas en la interpretación del dolor. Para lograrlo, fue necesario plantear dónde empezar la búsqueda. Como primer punto de búsqueda, el equipo seleccionó al complejo amigdalino. La selección de la zona se hizo por el papel de la amígdala cerebral sobre las emociones. El segundo problema, al que se enfrentaron los investigadores era de carácter técnico. Ahora el reto era identificar las neuronas relacionadas con el dolor. En respuesta, el investigador Mark J. Schnitzer propuso usar un microscopio miniatura. Para facilitar la observación de la actividad neuronal, el equipo utilizó proteínas fluorescentes. La técnica causa pequeños destellos de luz cuando las neuronas se activan. De esa forma, los científicos podían ver las neuronas que se activan en respuesta al dolor.

Las pruebas se hicieron en ratones. En las primeras pruebas, se identificó un grupo de 150 neuronas que se activaban ante el dolor. El grupo de células fue encontrado en el cuerpo basolateral de la amígdala (BLA). Uno de los autores, Grégory Scherrer, comenta que si bien era evidencia de la relación entre el dolor y el conjunto de neuronas, aún faltaba demostrar que eran las responsables de interpretarlo.

Ahora, era necesario corroborar la relación entre las neuronas del BLA y el dolor. Scherrer y su equipo, propusieron una forma de probarlo. Si apagaban la actividad de las neuronas, la reacción ante el dolor debería ser distinto, debido a la posible relación con la sensación. El equipo logró apagar las neuronas del BLA. Posteriormente, probaron la respuesta de los ratones ante los estímulos. Los ratones aún podían sentir el dolor, pero ya no respondían ante él como incomodo. “Esencialmente, a los ratones ya no les importaba el dolor” dice Grégory sobre el experimento.

Perspectivas a futuro

Llevando el experimento más lejos, la gente de Standford probó con ratones que sufrían dolor crónico. La idea era apagar las neuronas BLA y ver la respuesta. En un principio los ratones eran sensibles al tacto ligero a causa del malestar. Tras darles el tratamiento, los ratones seguían sintiendo el tacto, no obstante, no mostraron incomodidad como antes.

El nuevo conocimiento tiene grandes aplicaciones. El uso de analgésicos durante largos periodos de tiempo puede causar daños a la salud. En otros casos, su uso de por si requiere grandes cuidados por el riesgo de adicción o sobredosis. Entonces una alternativa que no suponga riesgos ni molestias, supone un gran avance en el tratamiento de dolores crónicos.

Artículo original publicado en la revista Science.


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