Todo lo que queremos saber sobre el virus más común en las gastroenteritis

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Los norovirus, también denominados “virus pequeños de estructura redonda” (SRSV, por sus siglas en inglés) o “virus tipo Norwalk” o agente Norwalk, forman parte de un grupo de patógenos virales que son la causa más común de la gastroenteritis en el mundo, también denominada “enfermedad de vómitos invernales”, porque suele contraerse en esta época del año, si bien puede suceder en cualquier estación.

Estos ARN virus incluyen a muchos tipos, que para identificarlos se clasifican en función de sus secuencias genómicas. Aquellas cepas que contagian a humanos pertenecen a tres de los seis genogrupos existentes (GI, GII y GIV)- donde el GII es responsable de aproximadamente el 70% de las infecciones por norovirus- además de al menos 25 genotipos, y numerosos subgrupos.

Estos virus son altamente contagiosos, pudiendo propagarse por vía fecal-oral, a través del contacto directo con los pacientes y el aerosol proveniente de vómitos que portan estos patógenos, además de superficies, alimentos y suministros de agua contaminados.

Epidemiología e inmunidad

El norovirus está reconocido como una de las principales causas de enfermedades transmitidas por los alimentos -llegando a constituir el 58% de todos los brotes y más del 96% de los brotes de etiología no bacteriana– que representa aproximadamente 21 millones de casos en los Estados Unidos y 685 millones de afectados en todo el mundo cada año.

Son causa habitual de brotes de gastroenteritis aguda en comunidades cerradas e instituciones como hospitales, hogares de ancianos, guarderías, escuelas y negocios como los restaurantes. También son los responsables del 90% o más de los brotes de diarrea en los cruceros.  La preocupación se centra en que puede afectar a los grupos de alto riesgo como son los niños y ancianos, viajeros, soldados y, algunos pacientes que están  inmunodeprimidos por alguna condición patológica o tratamiento específico, además de los que han recibido trasplantes de órganos.

La gastroenterits producida por este patógeno puede repetirse varias veces, aún tras haber tenido infecciones por el mismo tipo viral, porque después de haber contraído la enfermedad, la inmunidad contra el virus solo dura entre seis y catorce semanas. Si bien existen individuos más susceptibles a infectarse, se desconoce la causa de esta predisposición- aunque se ha visto cierta asociación con algunos histogrupos sanguíneos- así como tampoco se sabe el por qué de la inmunidad a tan corto plazo que queda en sus huéspedes posterior a su infección.

Actualmente no existen medicamentos o vacunas contra el norovirus, pues su desarrollo se ha tornado muy complicado, debido a que es muy difícil de cultivar en el laboratorio y las cepas que infectan a los animales son distintas a las humanas.

Diferencias en tamaños y estructura viral

Un grupo de investigadores dieron a conocer a través de un informe en línea en las Proceedings of the National Academy of Sciences  sus hallazgos, tras analizar varias cepas de norovirus con criomicroscopía electrónica.

Los biólogos estructurales Leemor Joshua-Tor y James Jung del Laboratorio Cold Spring Harbor en Nueva York lideraron dicho estudio, con el objetivo de observar detalladamente las cápsides de varias cepas de norovirus. La técnica empleada consiste en congelar las muestras virales para preservar la forma en que se organizan las proteínas y otras moléculas, evitando de esta forma la aparición de artefactos que induzcan a errores en su visualización. 

Las imágenes microscópicas evidenciaron un sorprendente polimorfismo, expresado en una gran variedad de tamaños de las partículas virales en el interior de los genogrupos, con algunas cepas pequeñas, medianas y grandes, con diferentes tamaños dentro de la misma cepa, “Incluso los que son del mismo tamaño tienen algunas diferencias“, como manifestó Joshua-Tor. Es más, algunas cápsides de virus parecían ser de un tamaño insuficiente para contener en su interior al ARN viral, lo que podría implicar que esas partículas fueran depósitos huecos.

Además vieron que varía la disposición de las proteínas en sus cápsides, con diferentes ángulos y simetrías de las subunidades que las conforman, pero Craig Wilen- un virólogo de la Escuela de Medicina de Yale que no participó en el estudio- explica que dado que el equipo examinó solo las capas externas de proteínas, sería importante ver si los norovirus completos que contienen ARN y otras proteínas mantienen la misma estructura que observaron en estas capas más externas.  

Importancia de estos hallazgos

Conocer en detalle la estructura del virus podría ayudar a los científicos a desarrollar vacunas para atacar los puntos vulnerables de la cápside, dice Matthew Moore, un microbiólogo de alimentos de la Universidad de Massachusetts Amherst, puesto que estas diferencias pueden afectar la forma en que los virus interactúan con las células humanas.

También, los investigadores descubrieron que la presencia de iones de zinc parecen evitar que las partículas virales se desestabilicen, al unir aminoácidos de cadenas laterales y moléculas de agua, lo que podría tener implicaciones prácticas más amplias, al agregar zinc como un ión estabilizante a las futuras vacunas que incorporen proteínas virales. 

Además, el empleo de productos químicos que sean capaces de quelar el zinc de los virus puede ayudar a desinfectar superficies delicadas, como telas y acero inoxidable, que se pueden deteriorar al emplear cloro, además de evitar este fluido tan irritante para piel y mucosas.