La vacuna contra el estreptococo está cada vez más cerca

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El Streptococcus pyogenes o estreptococo del grupo A es una de las bacterias patógenas humanas más comúnmente diagnosticadas, con capacidad de causar diversas enfermedades de tipo supurativas y no supurativas.

Entre las infecciones supurativas, el S. pyogenes constituye la causa más habitual de la conocida faringitis bacteriana, si bien también es la responsable de infecciones de variada ubicación como otitis media, mastitis, infecciones en las capas superficiales de la piel- como el impétigo- y en las capas profundas la faringitis se puede complicar con la aparición de un exantema difuso conocido como escarlatina, que ocurre con algunas cepas de estreptococo. Dentro de los casos más graves, produce la fascitis necrotizante, por lo que se la conoce como la «bacteria comedora de carne».

Dentro de las infecciones no supurativas encontramos patologías graves que se asocian a complicaciones por una reacción del sistema inmunológico ante los  estreptococos, como es el caso de la fiebre reumática -que podría llevar a la generación de cardiopatía reumática por afectación valvular- además de la complicación a nivel renal llamada glomerulonefritis postestreptocócica.

Otras enfermedades que puede causar son la bartolinitis -inflamación de las glándulas de Bartolino, que se encuentran en la vagina- y el síndrome de shock tóxico por estreptococo, que surge como resultado de la liberación de toxinas altamente antigénicas por parte del estreptococo, causando una respuesta inmune masiva que puede desencadenar la muerte.

Causas de patogenicidad

El Streptococcus pyogenes posee varias características que lo vuelven más virulento, incrementando su capacidad para colonizar, multiplicarse, “burlar” la respuesta inmune del huésped y propagarse rápidamente en el organismo.

Formando parte de la estructura protectora del estreptococo destaca la presencia de una cápsula de ácido hialurónico, que también es producida por la mayoría de las células del tejido conjuntivo de animal, que le confiere una “capa de invisibilidad” a esta bacteria ante el sistema inmune del huésped. Estas cepas encapsuladas son las responsables de causar las infecciones sistémicas más graves. Además, este estreptococo posee una gruesa pared celular que lo protege de los ataques del sistema inmunológico y las amenazas ambientales. 

Con el peligro creciente de una mayor resistencia a los antibióticos, la comunidad científica se siente enormemente presionada para encontrar nuevos tratamientos, que sean de mayor efectividad ante este tipo de bacterias como el estreptococo del grupo A, por lo que los equipos científicos se enfocan y trabajan con miras a desarrollar una vacuna, como medida profiláctica efectiva.

Posible blanco para vacuna

Un grupo de investigadores, constituido por más de una docena de científicos de cinco países, dirigido por Natalia Korotkova de la University of Kentucky y Nina Van Sorge de la Universidad de Utrecht, en Países Bajos,  se cuestionaron si existiría algún “punto débil” en la pared celular bacteriana que pudiera emplearse como una estrategia terapéutica o profiláctica. Estos resultados fueron publicados en la revista Nature Chemical Biology.

El grupo se propuso como objetivo identificar los genes que le confieren resistencia al estreptococo del grupo A. Para ello, bombardearon las bacterias con dos antimicrobianos: los iones de zinc y la enzima de acción bactericida fosfolipasa A2 secretada en el grupo humano IIA. 

En estos ensayos los investigadores pudieron identificar al gen responsable de la resistencia al ataque antibiótico: el gacH, un gen responsable de la síntesis del carbohidratos del grupo A (GAC), que forma parte de la pared celular.

El posterior análisis estructural del gacH evidenció que hacía que el GAC tuviera una clase alternativa de carbohidrato, debido a la modificación del fosfato de glicerol en los polisacáridos del azúcar ramnosa estreptocócico: “Esta modificación del fosfato de glicerol había pasado inadvertida durante décadas debido a la pérdida durante los pasos de preparación”. Este crucial descubrimiento no solo afecta la interacción huésped-patógeno, sino que tiene importantes implicancias para desarrollar una vacuna: “Esta modificación de la pared celular de Streptococcus no reconocida previamente impacta las interacciones huésped-patógeno y, por lo tanto, podría ser un objetivo muy atractivo para el diseño de vacunas, especialmente porque el gen gacH está ampliamente distribuido en los genomas de estreptococos del grupo A y bacterias relacionadas“, según indicó Korotkova.

Debido a que el Streptococcus beta hemolítico grupo A está incluido dentro de ls diez principales patógenos que causan mortalidad por enfermedades infecciosas en todo el mundo, el impacto que podría tener una vacuna, especialmente en aquellos lugares donde los medicamentos antibióticos, análisis de diagnóstico y el acceso a la atención médica son limitados, como ocurre en los países con menores recursos económicos, sería invaluable.

Por lo que Korotkova añade: “Necesitamos estudios adicionales para demostrar que este glicopolímero modificado con fosfato de glicerol se puede incluir como un componente de una vacuna segura y efectiva contra el estreptococo del Grupo A“.