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¿Menos sueño, más azúcar?

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No dormir lo suficiente puede provocar que se nos antoje más azúcar y más grasa. Eso resultó de una encuesta sobre patrones de sueño y riesgo cardiovascular en mujeres, cuyos resultados se publicaron en el Journal of the American Heart Association

Tras analizar la dieta de 500 mujeres, científicos del Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia descubrieron que cuando la calidad de sueño es pobre o cuando se duerme poco, se incrementa el consumo de azúcares añadidos, grasas saturadas y cafeína.

El tiempo promedio de sueño entre las participantes fue de 7 horas. Más aún, un tercio de las mujeres tenían mala calidad del sueño o algún nivel de insomnio, por lo que esta encuesta abre nuevas líneas de investigación sobre las consecuencias en el metabolismo de las personas con problemas para dormir.

Las mujeres que no dormían bien o que no lo hacían lo suficiente consumían entre 500 y 800 calorías adicionales en promedio. Además, excedieron las recomendaciones para ingesta de grasas totales y saturadas, azúcares y cafeína. No cumplieron con las recomendaciones para consumir granos enteros y fibra. Y, en el caso de las mujeres más jóvenes, redujeron los lácteos en su dieta.

La explicación que ofrecen los científicos que elaboraron el estudio es que la falta de sueño podría suprimir las señales hormonales de plenitud, es decir, desequilibrar el sistema encargado de regular el hambre. Esto se suma a los alimentos azucarados y grasos que provocan una actividad anormal del hipocampo que es, precisamente, la región del cerebro que regula la ingesta de alimentos.

Otra posible explicación para la conexión entre el sueño deficiente y los malos hábitos alimenticios es que consumir demasiada comida puede causar molestias gastrointestinales, lo que puede dificultar la posibilidad de quedarse dormido.

Los investigadores también explican en su publicación que las mujeres con insomnio pueden estar predispuestas a consumir porciones más grandes de alimentos, por lo que una forma de evitar el consumo excesivo de calorías sería seleccionar platos más ligeros. Esto permitiría la ingesta de porciones de alimentos más grandes mientras se consumen menos calorías, como ocurre con las ensaladas verdes abundantes.

Brooke Aggarwal, autora principal del estudio, explica que las mujeres tienen un alto riesgo de obesidad y trastornos del sueño debido a varios factores, como los cambios hormonales antes y después del embarazo.

La crianza de los hijos, la menopausia y el cuidado de los cónyuges o familiares enfermos también pueden causar el estrés que puede llevar a comer en exceso y a dormir mal, por lo que Aggarwal aconseja identificar las causas y acudir con un profesional de la salud.

Es importante practicar «una buena higiene del sueño», es decir, asegurarse de que la habitación esté oscura y fresca mientras se duerme y que no haya luces extrañas alrededor, como la luz azul de un teléfono celular. Realizar rutinas de relajación también puede ayudar a mejorar el descanso durante la noche.

Con información de CNN Health


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