Bacterias de la leche materna enseñan al sistema inmune del bebé a reconocer ciertos patógenos

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La leche materna proporciona a los bebés las proteínas, el azúcar y la grasa que necesitan en sus primeras etapas de desarrollo para estar saludables, incluidas varias sustancias que benefician al sistema inmunitario del lactante, como anticuerpos y enzimas, además de células inmunitarias vivas (macrófagos, neutrófilos y linfocitos).

En el calostro, emitido en las primeras horas tras el parto, hay millones de leucocitos que  pasan al intestino del lactante y allí siguen fabricando las inmunoglobulinas sintetizadas por la madre, como respuesta a las enfermedades infecciosas que tuvo a lo largo de su vida y que terminan siendo transferidas al bebé a través del amamantamiento, protegiendo al recién nacido hasta que empiece a madurar su sistema inmunitario, entorno a los tres años de vida.

Pero existen escasos estudios microbiológicos en leche materna, salvo contadas ocasiones, en que se investigue la calidad de la leche proveniente de bancos, cuando se hayan producido mastitis e infecciones neonatales concomitantes y de origen desconocida.

La leche como cultivo natural

Ante esta carencia de datos y estudios mexicanos, científicos del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav) se embarcaron en un proyecto de investigación en leche materna, que -como explica el doctor García Mena- nació como resultado de una iniciativa conjunta con el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva de la Secretaría de Salud, que buscaba promover la lactancia materna a través de argumentos científicos.

Con este punto de partida, empezaron a analizar muestras de leche humana, previo establecimiento de un acuerdo colaborativo con hospitales y bancos de leche materna, que les proporcionaría las muestras necesarias para el estudio: “Es importante precisar que se recolectaron tres tipos de muestras: la primera directamente de madres lactantes, la segunda de bancos de leche previo a su pasteurización y la tercera en los mismos bancos de leche, pero posterior al proceso de pasteurización de la leche”, precisa García Mena.

El objetivo planteado era realizar en una primera etapa una comparación entre los tres tipos de muestras, en relación a la presencia de patógenos. Además se buscaba determinar el grado de disminución de patógenos tras someter la leche al proceso de pasteurización y descubrir si la presencia de bacterias era producto de alguna contaminación accidental.

En la segunda fase se identificaron mediante técnicas moleculares las bacterias presentes en la leche provenientes de bancos, antes y depués de la pasteurización: “De las muestras recolectadas extrajimos ADN que, a través de técnicas moleculares de amplificación, nos permiten obtener una parte de la huella digital, de la herencia de cada una de las bacterias que es el gen 16S ribosomal. Una porción de ese gen es la que secuenciamos, básicamente es como tomar una foto instantánea de una gran comunidad de seres, permitiéndonos identificarlos uno por uno”.

Los resultados de la secuenciación genética fueron sometidos a un análisis comparativo con los registros existentes en las bases de datos, para identificar las especies bacterianas y determinar qué tan abundantes eran en las muestras.

Sorprendentes hallazgos

Los hallazgos respecto a las bacterias que crecían en la leche fueron inesperadas: “Fue una gran sorpresa darnos cuenta de la existencia de colonias de bacterias en la leche materna y también que se trata de bacterias que están más allá de las que pudieran existir derivado de contaminación accidental. Hay bacterias que se reproducen y viven dentro del órgano que produce la leche —mama— y que al momento de alimentar al bebé se transmiten de la madre al hijo”.

Además, estos microorganismos estaban presentes en abundante cantidad y pertenecían a variadas especies patógenas, miembros de los géneros Citrobacter, pseudomonas, estafilococos y estreptococos: “Nosotros caracterizamos las comunidades microbianas en relación con la educación que hace la mamá al sistema inmune de su hijo. Al momento de amamantar al bebé, la mamá le aporta, además de los nutrimentos y hormonas, bacterias que permiten que el sistema inmune del bebé madure”.

La hipótesis que manejaban los investigadores con respecto al estudio, es que leche materna se encarga de “educar” el sistema inmunológico de los bebés, al permitirle reconocer aquellas que son patógenas de las que son beneficiosas o simples habitantes de la flora normal.

Pero pese a esta abundancia de patógenos en la leche,  ni las madres donantes de las muestras, ni los bebés lactantes padecían enfermedad alguna, lo que es indicativo que cumplen una importante función en esa ubicación tan vital y clave para la vida de los que ingieren este alimento.

En una posterior etapa de investigación, en trabajo conjunto con el doctor Leopoldo Santos Argumedo, se buscará determinar cómo es el mecanismo de selección de las especies bacterianas que serán transmitidas de la madre al bebé y a su vez, cómo funciona el sistema inmune del lactante cuando aprende a discriminar las patógenas de las inocuas.

Fuente Conacyt