Cigarros electrónicos: ¿un riesgo para la salud?

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Los cigarros electrónicos aparecieron entre 2006 y 2007. Sin embargo, durante los últimos cinco años, han ganado popularidad y se han convertido en el centro de debates por sus efectos en el organismo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a los sistemas electrónicos de administración de nicotina como dispositivos que no queman ni utilizan hojas de tabaco, sino que, por el contrario, vaporizan una solución.

Los más comunes y populares son los cigarrillos electrónicos. Estos tienen como componente principal la nicotina, pero van acompañados de propilenglicol, con o sin glicerol, y aromatizantes. Asimismo, cuentan con una batería que activa la calefacción incorporada para vaporizar.

En 2014, en la sexta reunión de la Conferencia de las Partes, como parte de la iniciativa Liberarse del Tabaco, la OMS presentó un informe en el que mostraba preocupación sobre dichos sistemas.

A finales de ese mismo año, la revista Science publicó un artículo en el que se preguntaba si los cigarros electrónicos realmente cumplían el propósito para el que supuestamente se diseñaron: ayudar a dejar el tabaco.

En ese artículo, David Schultz contaba que los primeros e-cigarettes aparecieron en 2006 como una especie de pluma donde la nicotina era vaporizada para apoyar a los fumadores en su camino a una vida libre de tabaco.

Ante la duda, investigaciones

Con el surgimiento de estos dispositivos, aparecieron los cuestionamientos sobre el cumplimiento de su objetivo original. Una de las primeras investigaciones al respecto fue realizada por el UK Cochrane Centre.

Los científicos decidieron realizar dos pruebas y considerar información de 11 estudios previos. De ese modo, compararían los resultados de quienes habían tratado de dejar de fumar con el uso de cigarros electrónicos con aquellos que intentaron sin ellos.

Tras un año de seguimiento, notaron que los participantes que utilizaban los dispositivos lograron reducir su consumo de tabaco hasta el doble en comparación con quienes usaron un vaporizador placebo.

A pesar de los resultados, los estudios eran insuficientes para determinar si los cigarros electrónicos eran benéficos o no, aunque, por otro lado, su popularidad crecía.

Para 2018, un artículo publicado en el Journal of the Royal College o Physicians of Edinburgh, a cargo de expertos de la Aberdeen Royal Infirmary, en Reino Unido, mostraba resultados positivos acerca del uso de cigarros electrónicos como herramienta para dejar de fumar. Y, aunque notaron que podrían ser adictivos, señalaron que las partículas de nicotina no causaban daño clínico.

Otras investigaciones aseguraron que los fumadores usuales reducen su riesgo de cáncer hasta en un 70 % cuando hacen la transición de cigarrillos comunes a cigarros electrónicos, ya que dejan de exponerse a más de 70 elementos carcinógenos del humo del tabaco.

Problemas de salud

Si bien ha habido hallazgos positivos sobre los cigarros electrónicos, los resultados contrarios han sido puestos sobre la mesa.

Una de las investigaciones que comenzó a llamar la atención sobre los problemas asociados a esos dispositivos estuvo a cargo de las National Academies of Science, Engineering and Medicine.

Los especialistas encontraron que el líquido de los cigarrillos electrónicos contiene sustancias tóxicas que pueden dañar el ADN, así como aumentar el riesgo de padecer otras enfermedades, incluido el cáncer.

Durante 2019, los cigarrillos electrónicos estuvieron en la mira de todos por los múltiples casos de daños pulmonares que se reportaron en Estados Unidos.

Fue entonces cuando aparecieron trabajos como los del Baylor College of Medicine en Houston, Texas, donde estudiaron a animales de laboratorio y con cigarrillos electrónicos durante cuatro meses. Los resultados mostraron que la combustión de esos productos causa inflamación pulmonar.

Por otro lado, en las American Heart Association’s Scientific Sessions se resaltaron los efectos negativos de los cigarros electrónicos, no solo en la salud pulmonar, sino también en la cardiovascular.

Una serie de análisis mostró niveles más altos de colesterol en quienes utilizan cigarrillos electrónicos. De igual manera, observaron un bajo flujo sanguíneo en los usuarios de los vapeadores.

Campañas para evitar su uso

Una de las preocupaciones de las autoridades sanitarias es la popularidad de los vapeadores y de los cigarros electrónicos en los más jóvenes.

En México, por ejemplo, el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) reveló que el 11 % de los adolescentes utiliza cigarros electrónicos para consumir tabaco, y aun cuando la diferencia porcentual con el consumo de tabaco tradicional es solo de un punto, el aumento en su uso resulta alarmante.

Según los expertos, una de las principales razones de su popularidad es la falta de restricciones y de regulación para su venta. El otro motivo es la venta de vaporizadores que mezclan la nicotina con sabores frutales o de hierbas.

En octubre del año pasado, el Instituto Nacional de Referencia Epidemiológica, de la Secretaría de Salud, reportó la muerte de un joven de 18 años. Tras varios estudios, se determinó que la neumonía grave que presentó estaba asociada con el consumo de cigarrillos electrónicos.

Debido a lo anterior, la Dirección General de Epidemiología incrementó la vigilancia, detección y notificación de padecimientos pulmonares en todo el territorio nacional. Aunado a estas acciones, instaron a la población a evitar el uso de cigarros electrónicos.

Por su parte, senadores del Partido Revolucionario Institucional (PRI) presentaron el pasado 5 de enero una iniciativa para regular el uso de los cigarros electrónicos por considerarlos un riesgo para la salud. En la iniciativa se retoman las recomendaciones de la OMS.

Finalmente, aun con las opiniones positivas sobre los cigarros electrónicos, autoridades sanitarias internacionales invitan a optar por otros modelos para renunciar al tabaco, de modo que no se “renormalice” el hábito de fumar y se privilegien terapias conductuales o recomendaciones aprobadas por la FDA.

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