El aislamiento como prevención frente al coronavirus: pros y contras | Nación Farma

El aislamiento como prevención frente al coronavirus: pros y contras

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Como una medida para frenar esta pandemia de coronavirus, los expertos en salud pública nos instan a tomar medidas de aislamiento, algo antinatural para nuestra especie social. Si bien esta restricción en la interacción humana es fundamental para frenar la propagación del virus, por otro lado, la sensación de soledad y la limitación en el desplazamiento pueden afectarnos psicológicamente. 

Debido a que «el coronavirus se está extendiendo por todo el mundo, nos están llamando a suprimir nuestros impulsos de conexión profundamente humanos y evolutivamente conectados: ver a nuestros amigos, reunirnos en grupos o tocarnos», dice Nicholas Christakis, científico social y médico de la universidad de Yale.

Si bien los efectos del distanciamiento social mantenido por corto plazo no se ha estudiado lo suficiente, varios investigadores que han visto afectadas sus propias vidas por las interrupciones originadas por la pandemia del coronavirus, compartieron sus conocimientos sobre el potencial impacto social y psicológico que estas medidas pueden tener. También, aportaron datos para poder sobrellevarlos de mejor manera.

Interacción social y salud mental

Se sabe desde hace bastante tiempo que el aislamiento social puede aumentar el riesgo de algunos problemas de salud, como enfermedades cardíacas, depresión, demencia e incluso la mortalidad. 

Un metaanálisis del 2015, que fue realizado por el equipo de la psicóloga e investigadora Julianne Holt-Lunstad, determinó que el aislamiento social sostenido aumenta el riesgo de mortalidad en un 29 %.

Los estudios de Holt-Lunstad y otros han encontrado que el hecho de contar con la presencia de un amigo, o saber que existe una conexión social, puede disminuir la respuesta cardiovascular de una persona a una tarea estresante. 

El efecto del distanciamiento social en respuesta al coronavirus es aún desconocido, pero según Holt-Lunstad, «por un lado, preocupa que esto no solo exacerbe las cosas para aquellos que ya están aislados y solos, sino que también podría ser un punto de activación para que otros ahora adquieran hábitos de conectarse menos».

Por otro lado, se considera que al haber una mayor conciencia de estos problemas, se posibilita una mayor conexión entre las personas, unidas por un fin común.

Características personales y susceptibilidad

Holt-Lunstad manifiesta que las personas de todos los grupos etarios son susceptibles de padecer los efectos negativos de la soledad y del aislamiento social. Pero un informe reciente de la Academia Nacional de Ciencias menciona algunas circunstancias por las que los adultos mayores pueden verse más afectados, como la pérdida de familiares o amigos, enfermedades crónicas y discapacidades sensoriales, como la pérdida de audición, que pueden dificultar aún más la interacción social.

Hay que considerar que, si bien las personas son muy resistentes ante este tipo de situaciones, existe una enorme variación individual en su capacidad para manejar el aislamiento social y el estrés, agrega Chris Segrin, un experto del comportamiento de la universidad de Arizona. «Alguien que ya tiene problemas con ansiedad social, depresión, soledad, abuso de sustancias u otros problemas de salud será particularmente vulnerable».

Segrin agrega que un rasgo predictivo de salud psicológica a largo plazo en algunos estudios ha sido el optimismo.

La tecnología informática como compensación social

El uso de tecnologías de la información actuales, como los mensajes de texto, el correo electrónico y las aplicaciones como Skype y FaceTime pueden ayudar a las personas a mantenerse en contacto. «Somos afortunados de vivir en una era donde la tecnología nos permitirá ver y escuchar a nuestros amigos y familiares, incluso desde la distancia», dice Christakis.

Pero la disponibilidad de estos modos de comunicación no son capaces de suplir por completo el contacto personal, como explica Segrin, pues estas interacciones implican un enorme contenido no verbal. 

La falta de “efervescencia colectiva”

Hace cien años se usó la frase «efervescencia colectiva», acuñada por el sociólogo francés Émile Durkheim para describir la emoción que las personas experimentan de manera compartida durante las ceremonias religiosas. 

Esta expresión también es aplicable a los eventos deportivos o musicales, donde los espectadores experimentan simultáneamente las fluctuaciones de las emociones durante un juego o un concierto, dice Mario Small, un sociólogo de la universidad de Harvard.

El investigador indica que este tipo de encuentros masivos ayudan a construir un sentimiento de cohesión social, que se ve temporalmente interrumpido debido a la suspensión de sus temporadas y de sus presentaciones públicas.

Cómo ayudar y ayudarnos

En palabras de Holt-Lunstad, «cualquiera de nosotros puede levantar un teléfono y llamar para ver cómo están las personas y qué pueden necesitar», pues se ha encontrado que el altruismo puede ser aún más beneficioso que recibir ayuda.

En Italia, mientras mantienen un estricto aislamiento, han llegado a cantar y a tocar música, compartiéndola a través de las ventanas abiertas, con el propósito de mantener o elevar el ánimo y sentirse menos solos.